NAVEGANDO HACIA EL HORIZONTE


Navegar es ir a ver lo que sucede detrás del horizonte; la navegación se emprende tanto por el placer intrínseco del viaje en el mar, como por el descubrimiento de un destino final. Para ser doblemente placentero, el ejercicio no es del todo trivial. Será tanto más satisfactorio y se llevará a cabo de una manera tanto más serena cuanto más tranquilamente lo hayamos preparado.


ENTENDER LA NAVEGACIÓN DE ALTURA

La navegación en alta mar comienza donde termina la navegación visual, cuando la tierra y sus hitos desaparecen tras el horizonte. Llegar a alta mar significa comprometerse con una lógica de "Travesía" y prepararse para pasar -al menos- una noche en alta mar. Ya se trate de llegar a Madeira, dirigirse en Canarias, o incluso cruzar el “Charco”, las particularidades de la navegación en alta mar obviamente no se manifestarán en la misma escala, pero las habilidades requeridas son del mismo orden.


Ya sea modesta o a gran escala, una travesía no se puede improvisar. El velero y la tripulación deben estar preparados para las condiciones de navegación que se puedan encontrar, asegurar su autonomía en energía eléctrica asegurando el funcionamiento de todos los sistemas a bordo. Bajo la autoridad de un patrón, cuyas responsabilidades no pueden subestimarse, la tripulación debe adoptar un método eficaz de organización para garantizar el buen funcionamiento del velero a lo largo del tiempo, pero también la vida comunitaria en un espacio restringido y bajo la influencia de muchas limitaciones.


Para que siga siendo de principio a fin un viaje de placer, un crucero en alta mar supone una forma de rigor. La anticipación es una palabra clave e ,incluso en un momento en que la electrónica y los medios de comunicación por satélite han mejorado y facilitado el trabajo del navegante, éste debe ser capaz de interpretar los datos meteorológicos de los que dispone. Si el software de enrutamiento le permite elegir las rutas más rápidas y seguras, debe ser capaz de comprender la evolución del clima, adaptarse a los fenómenos locales o momentáneos, preparar su arribada.


Finalmente, la lejanía lleva a abordar con mayor agudeza los temas de seguridad, conociendo los procedimientos para solicitar ayuda y sabiendo cómo afrontar situaciones de emergencia, ya sean humanas o materiales.


Checklist o listas de chequeo

  • El barco: Conoce tu barco.

  • El equipo de seguridad: Viaja seguro.

  • La jarcia y las velas: Las velas son tu motor.

  • El motor: Siempre a punto.

  • Equipos de navegación y pilotos: Busca siempre alternativas.

  • Comunicaciones: Algunas verdades.

  • Mantenimiento, herramientas y repuestos: Las cosas pasan.

  • Derroteros y cartas: Siempre a mano.

  • Papeles y seguros: Para no tener problemas.

  • Tripulación y organización de guardias: Vigilancia permanente.

  • Cocina y alimentación: ¡No morir de hambre navegando!

  • Agua y gasoil: ¡Que no te falten!

  • Energía: Tener siempre cervecita fría…pero...¿ ¡y cuánto consume la nevera!?


Seguridad ante todo

Siempre he pensado que controlar bien la meteo significa convertirse por las “bravas” en un navegante de primera. Si pudiéramos asegurar una buena meteorología en nuestras singladuras, jamás nos meteríamos en un “marrón”. Y esto ya es la mitad de la partida ganada.


Tal y como está la tecnología es fácil contar con información muy actualizada con la que poder valorar nuestras opciones. En navegaciones cortas y si además actuamos con prudencia, la partida está ganada.


Pero en largas singladuras oceánicas es a veces imposible huir de las depresiones y por tanto hay que estar preparados:


Prendas de mal tiempo, camisetas térmicas para el interior, arneses de seguridad, chalecos salvavidas, líneas de vida, balsa salvavidas, linternas estancas, estrobos para la noche, y radio baliza son imprescindibles en el barco.


Siempre que navegue pregúntese que haría si empeorara la situación, si cambiara el tiempo. Cuál podría ser su ruta de escape, cuál es el puerto alternativo a su destino. Nunca espere al último momento para reducir el velamen y recuerde que mantenerse en forma y con la cabeza despejada es tan importante como los manejar correctamente los equipos de seguridad.


Capear un temporal


De todos es conocido que en muchas ocasiones es más seguro pasar una tormenta en alta mar que intentar guarecerse en un puerto en mitad del temporal. Las decisiones a tomar pueden verse alteradas por muchos factores y no es posible decidir "a priori" cual será la mejor solución.


Tenga presente que el motor ayuda mucho en estos casos y debe hacer cálculos para poderlo utilizar en los peores momentos, reservando combustible para una situación de gran apuro o para entrar a puerto.


Prepare la embarcación a conciencia, cerrando todos los grifos especialmente los de los baños - que tienen la manía de quedarse olvidados-, estibe cualquier objeto susceptible de desplazarse incontroladamente, pruebe el correcto funcionamiento de las bombas de achique, por si fuera necesaria su utilización, y ajuste asideros adicionales en las zonas de cubierta más comprometidas para ayudarse en su desplazamiento.


No olvide la línea de seguridad y de engancharse a ella en todo momento al salir de la bañera. Debe tener arneses en el barco para toda la tripulación y ,si fuera necesario, improvíselos con un cabo.

¿Comprobé en puerto mi equipo de seguridad y el buen funcionamiento de la radio?

Capear un temporal es cuestión de paciencia y confianza en sí mismo. Prepare comidas y bebidas calientes para mantener con energía y buen animo a toda la tripulación. Procure que su gente mantenga el buen humor, ya que ayuda afrontar mejor las situaciones y controlar el barco con más seguridad frente a posibles adversidades. Todo el mundo debe ir bien abrigado, cómodamente vestido y protegido de los rociones con trajes de agua impermeables.


Navegar a demasiada velocidad puede resultar peligroso con gran oleaje. Para reducir la marcha puede arrastrar amarras y utilizar algún tipo de ancla flotante o un cubo atado a un cabo.


Lo más importante es conocer con la mejor precisión posible la situación del barco en todo momento para evitar la costa de sotavento y anticiparse a la deriva originada por los fuertes vientos. No olvide nunca las cartas de navegación. El GPS es un instrumento muy barato en nuestros tiempos de modo que es inexcusable su existencia en el barco. Siempre que sea necesario gane suficiente barlovento para poder maniobrar en todas las ocasiones que sean necesarias. Aléjese como de la peste de las costas de sotavento y si tiene que buscar un puerto localícelo a barlovento o en algún recodo o bahía que le permita una generosa zona de seguridad a sotavento.


Pero de todas las cualidades del buen marino, la humildad es posiblemente la más importante. La inmensidad del mar nos ayuda a entender nuestra insignificancia. El navegante humilde sabe reconocer que lo que pretende ya ha sido experimentado por otras personas. La humildad nos ayuda a sacar provecho de las lecciones de otros navegantes. Aprenda mucho de la lectura de otros navegantes anteriores.


¡Observe y atesore los consejos dados por otros marinos que ya hayan pasado por lo que usted está a punto de conocer!

Los Buenos Recuerdos Nunca se Olvidan.


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